Bajas fingidas, fraudulentas o falsas, todos los términos hacen referencia a la misma cosa: el engaño del que se cree más inteligente que el jefe, la mutua y el médico.

Y es que según la Inspección del Ministerio de Trabajo, la cifra de bajas fraudulentas se sitúa en torno al 40%. Esto supone que 4 de cada 10 de sus trabajadores en incapacidad laboral transitoria estarán fingiendo, simulando o exagerando una dolencia o accidente, para cobrar sin trabajar o incluso aprovechar para trabajar en otro lugar.

Los costes para la empresa, son muy elevados, pero no solo son económicos, estamos hablando de grandes costes en productividad, en credibilidad y del empeoramiento del ambiente laboral.

  • Nadie mejor que usted, como empresario, sabe cuál es el coste económico de un trabajador en situación de baja, no solo en seguros sociales, también el coste económico de tener que encontrar, formar y pagar a una persona que le sustituya… Y esta situación habrá que multiplicarla por todos los trabajadores que tenga en situación de incapacidad temporal.
  • La productividad de la empresa, en cuanto a sus empleados hace referencia al rendimiento y eficiencia de los mismos, lo que se verá sumamente dañado cuando faltan uno o varios de ellos. El trabajo que realiza el empleado de baja, debe ser asumido por el resto de compañeros o por una nueva persona. La pérdida de tiempo que esto supone es patente, por lo que la productividad se verá comprometida.
  • La credibilidad y el prestigio de la empresa (y el empresario) sufrirá un deterioro importante, pues los trabajadores perciben que existe un comportamiento nocivo al que no se pone solución, bien por falta de control, bien por indiferencia
  • El ambiente laboral se resentirá sin duda, pues uno de los pilares fundamentales de un buen clima laboral es el comportamiento de los empleados. Y en este caso tener compañeros con actitudes desleales que son “consentidas”, en primer lugar suscitará malestar por agravio comparativo al tener que estar haciendo el trabajo de un compañero que está “disfrutando” y en segundo lugar provocará un “efecto contagio” porque no hay consecuencias.

los costes de las bajas fraudulentas

El hábito de acogerse a una incapacidad laboral transitoria fingiendo o exagerando una dolencia, se extenderá por la empresa como un práctica tolerada para disfrutar de unos días o semanas libres de trabajo y además cobrando el sueldo.

Lo indignante de esta práctica  es que, poco se puede hacer, pues para un médico hay ciertas dolencias que son imposibles de descartar, como son las lumbalgias, los dolores cervicales, las depresiones, ansiedad, migrañas y en general cualquier otro dolor que se haya sufrido antes y que se sepa exactamente como exagerar. Por lo que conseguir una baja, estando sano, es sumamente sencillo.

Las consecuencias por fingir una enfermedad no existen, por lo que el abuso se hace casi imparable.

Usted como empresario confía en que será la mutua la que se encargue de la vigilancia de las bajas de sus trabajadores y en principio las mutuas investigan las bajas más sangrantes, aquellas que exceden del tiempo medio de la dolencia y las bajas más dudosas, pero son un coladero, un simple trámite para aquel que está determinado a conseguir sus días libres.

Es en este momento donde  entramos nosotros, para desmontar la picaresca y ese que se cree más listo que el jefe, la mutua y el médico, acarree con las consecuencias de su deslealtad hacia quien le da trabajo y hacia la sociedad, porque no hay que olvidar que una gran parte del coste de su baja laboral lo pagamos todos con nuestros impuestos.

bajas fingidas, falsas o fraudulentas

Contratar el servicio de una agencia de investigación es, con mucho, más económico que seguir manteniendo en su puesto a uno o muchos caraduras, de los que podrá deshacerse con un despido procedente, gracias a las pruebas del fraude, que el detective conseguirá para usted.

Su reputación y credibilidad como jefe aumentarán, porque no está permitiendo comportamientos nocivos. Los trabajadores leales se verán valorados y ello repercutirá en un mejor ambiente laboral, con el consecuente aumento de productividad.

Todo son beneficios. El coste de contratar una investigación, es una inversión para su empresa, no un gasto.

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