Los casos más graves de este curso escolar

En Palma de Mallorca, el 5 de octubre una niña es agredida por 7 compañeros de colegio, al finalizar el recreo, tras un partido de fútbol, acabó con una costilla rota, desprendimiento de riñón y contusiones por todo el cuerpo que la mantuvieron ingresada durante más de 24 horas. La familia asegura que ya habían informado de la situación de acoso que estaba sufriendo la niña, pese a ello quince días después de la agresión, el gobierno balear descarta completamente el incidente como acoso escolar. La dirección del centro impone una sanción disciplinar a los participantes en la paliza con cinco y tres días de suspensión de asistencia a clase, dependiendo de la edad y la participación más activa en la paliza.

En el mes de noviembre en Sevilla un niño de 7 años fue víctima de una paliza por parte de sus compañeros, pasó toda una noche hospitalizado en observación, con politraumatismos, la agresión se produjo durante el recreo. La madre del niño también había denunciado el acoso del que su hijo era víctima desde los cinco años. El consejo escolar del centro rechaza que se produjera ninguna paliza dentro de las instalaciones del centro, ni que hubiera ningún tipo de comunicación por parte de la familia de una situación previa de acoso.

El 10 de Enero en Murcia, Lucia de 13 años se suicidó después de años, sufriendo acoso escolar, cuando llegó al instituto Lucia comenzó a ser acosada por dos compañeros que arreaban a otros a hacer lo mismo, los chavales en cuestión fueron expulsados durante 5 y 1 días a su casa. Lucia cambió de instituto poco antes de finalizar el curso escolar, pero el trauma del acoso le hizo intentar suicidarse en agosto, y conseguirlo en enero de este año.

El 27 de enero en Villena (Alicante) un menor de 17 años atacó con un cuchillo en clase a sus compañeros, resultando heridas cinco personas, las hipótesis apuntan a que estaba sufriendo bullying en el centro escolar, debido sobre todo a sus altísimas calificaciones, su carácter introvertido y  sus aficiones, que no se parecen a las de jóvenes de su edad.

Estos son algunos de los ejemplos más graves y mediáticos de este curso escolar, y entre otras conclusiones nos dan una idea de lo barato que sale a los menores agredir y machacar psicológicamente a alguno de sus compañeros.

Las campañas contra el acoso escolar

El pasado 30 de enero se celebró el Día Escolar De La Paz Y La No Violencia. Las campañas contra el bullying son actualidad, un ejemplo: “se buscan valientes” de El Langui, que se ha hecho viral en pocos días desde su lanzamiento, el rap de esta campaña de Mediaset ha conseguido millones de visualizaciones en pocos días.

Si tenemos en cuenta que más de un 50% de los estudiantes de este país son testigos indiferentes del acoso que sufren otros compañeros, podemos decir que esta campaña da en el clavo, al elegir como público objetivo a esos testigos que si pueden cambiar las cosas. El bullying es posible gracias a la complicidad de quien calla o ríe las gracias del matón de turno.

Se buscan valientes que expresen lo que sienten
Se buscan valientes que apoyen y defiendan al débil
Tu eres importante, tu sabes lo que pasa no mires a otro lado
No le tengas miedo al malo.

Se buscan valientes que ayuden y se enfrenten a Darth Vader
y a algún gamberro más que con abuso siempre van
Achanta bravucón y presta atención a la lección

Pasa ya la hoja que te quedas atrás
El respeto en esta página yo ya subrayé
que la mochila si no hay libros no te debe pesar
Se valiente y no permitas lo que viste ayer.

Si hay alguien que se siente solo
si hay alguien que han dejado apartado
ponte en su lugar ¡yo ya estoy a su lado!
tú ponte en su lugar y el bravucón achantado.

No solo la agresión es bullying

La campaña está teniendo una gran acogida, pero ¿saben los chavales identificar el bullying más allá de las agresiones físicas o los insultos? Lo cierto es que no, la mayoría de las veces conviven con situaciones de acoso sin darse cuenta de lo que está pasando.

Que un niño sea sistemáticamente el último en ser elegido por sus compañeros en cualquier actividad de clase; que en el recreo esté solo porque el resto de niños está jugando al futbol y a él no le dejan porque se le da mal; que la única manera de tener amigos es comprarlos con diferentes artimañas porque de otra manera al pequeño no se acercan; que sonarse los mocos en clase es acogido por todos los compañeros con insultos; que siempre haya un empujón “sin querer” que hace que el almuerzo del pequeño acabe en el suelo; que no quiera llevar ningún juego para el recreo porque nunca vuelve a casa sano y salvo; solo son unos ejemplos pero muy reales de las cosas que tiene que sufrir un niño y de la que sólo serán conscientes cuando hayan pasado los años, ellos pueden no saber identificar el acoso, pero si saben cómo se sienten: tristes, desilusionados, deprimidos, con la autoestima por el suelo y odiando ir al colegio…

No podemos hablar de “cosas de niños”, cuando siempre afectan al mismo chaval, cuando el profesorado está avisado de cosas que “no ve” y sigue negando su existencia en lugar de estar pendiente por si sucede. Las chiquilladas cuando afectan siempre al mismo, dejan de serlo para convertirse en un problema para padres, profesores, colegios e institutos y sobre todo para el propio alumno, que verá como las secuelas de este maltrato le persiguen de por vida.

¿Son efectivos los protocolos de detección del acoso escolar? ¿Están las instituciones realmente implicadas en el tema, o solo en salvar los números? Porque como hemos visto en los casos más graves de este curso escolar, las instituciones y colegios se han lavado las manos, nadie ha asumido el “mea culpa” y las sanciones a los acosadores han sido irrisorias.

El bullying es un problema de conjuntos, de nada sirven las actuaciones de las instituciones y los colegios, si desde casa no se apoya con valores de respeto. De nada sirve la educación del hogar si las instituciones no toman medidas efectivas contra el acoso.

Quizás sea hora de un cambio de políticas a la hora de enfrentarse a este grave problema que afecta a dos de cada diez alumnos en el mundo, según datos de la UNESCO.

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