La base de los beneficios de una empresa se sitúa principalmente en el capital humano que la compone. Obtener unos excelentes resultados  pasa por fomentar un buen clima laboral que satisfaga a los empleados que de esta manera serán más productivos.

Desde el empleado eficiente hasta el tóxico existe una gran variedad de tipos, que pueden con sus aportaciones beneficiar y mejorar la productividad o entorpecerla, romper el ritmo de trabajo  y producir malestar en la organización.

Vamos a centrar nuestros esfuerzos en definir, detectar y dar soluciones para el último grupo de empleados, los conflictivos.  Para ello lo primero que debemos discernir es si estamos ante un contexto esporádico o ante una conducta nociva en general. No es lo mismo discrepar vehementemente ante un conflicto puntual que hacerlo de manera habitual.

El empleado tóxico

Un empleado tóxico es aquel que manipula su entorno creando un clima de malestar entre sus compañeros. El gran problema que esto supone para la empresa es que la toxicidad es contagiosa. Cuanto más tiempo se esté expuesto a una persona tóxica mayor posibilidad de volverse tóxico.

Un empleado tóxico en general puede ser una persona talentosa y productiva pero que exhibe comportamientos dañinos para la organización.

  • Los trabajadores que siempre dicen “si” y hacen lo que quieren.
  • Trabajadores que siempre dicen “no” por sistema, renegando de las reglas y haciendo las cosas a su modo.
  • Los arrogantes con actitudes chulescas y provocadoras.
  • Los trepas sin escrúpulos que aprovechan el trabajo de los demás para colgarse las medallas a la vez que evaden su responsabilidad cuando su trabajo es malo.
  • El intocable que utiliza su posición de poder en la empresa para boicotear a sus compañeros y a la propia empresa.
  • Trabajadores chismosos que agitan el ambiente provocando conflictos entre el resto de empleados.
  • El negativo que no acepta los cambios y subleva a sus compañeros para que tengan el mismo punto de vista.

La existencia de estos empleados es inevitable, por lo que hay que estar muy pendientes de todo lo que sucede alrededor, tomar las quejas de clientes y empleados con seriedad, máxime cuando siempre van dirigidas hacia la misma persona. Una vez identificado, habrá que hacer un análisis detallado de la situación,  hablar con él, darle un ultimátum, unas directrices muy concretas y no dejar de observar sus pasos muy de cerca. Intentar neutralizar su toxicidad. Si el problema persiste, y las capacidades como empleado merecen la pena, se puede buscar un puesto en el que no tenga que relacionarse con otros, de lo contrario lo mejor es darle una salida rápida de la organización.

Empleados tóxicos Sigilosos

Existe otro tipo de empleados tóxicos, cuyo daño es medible económicamente y en  reputación empresarial. Situaciones como el fraude, acoso sexual, violencia, robos, competencia desleal. Este tipo de empleados es mucho más difícil de detectar, sus actividades nocivas las desarrollan en la sombra, son silenciosos, generalmente no llaman la atención por sus conductas, que suelen ser a ojos de los demás “correctas”. Son los empleados tóxicos sigilosos.

acoso laboralEl acosador

Es la persona o grupo que dentro de una empresa realizan un comportamiento de acoso moral o mobbing, es decir, que ejercen una presión psicológica extrema, sistemática y prolongada en el tiempo, sobre un compañero/a de trabajo.

Sus acciones pueden ir contra la reputación o la dignidad personal, contra el ejercicio de su trabajo, manipulación de la comunicación o de la información, diferencias de trato, distribución no equitativa del trabajo, ataques a la vida privada de la víctima, agresiones verbales, rumores.

Permitir que estas situaciones se den en la organización  traerá  unas consecuencias para la empresa, que pasaran por la disminución del rendimiento, problemas de comunicación, absentismo, empeoramiento del clima laboral y su consecuente descenso en la productividad, posibilidad de aumento de la siniestralidad laboral y desprestigio para la empresa que no interviene.

El acosador sexual

El acosador, ya sea hombre o mujer, puede ser un colega de trabajo, un superior o incluso un cliente. Cuando es realizado por un superior, hablamos de chantaje sexual, ya que la aceptación o rechazo de las conductas sexuales, por parte de la víctima repercutirá en las condiciones de su empleo. Cuando la realiza un igual de posición jerárquica hablamos de acoso sexual ambiental,  se crea un entorno de trabajo humillante, hostil o amenazador para el acosado, lo suficientemente grave para alterar el ambiente laboral.

Se considera acoso sexual la imposición no deseada de conductas sexuales, normalmente dentro de una relación desigual de poder. Puede darse en un solo episodio, pero intenso y suficientemente grave, o ser incidentes habituales de conductas físicas y/o verbales de contenido sexual.

El acosador no pretende un cortejo, no se enamora de la víctima, simplemente ejerce un abuso de poder, que probablemente repetirá al cabo de un tiempo con otra víctima.

La dificultad para probar este tipo de hechos estriba en que solo acosador y víctima saben lo que está ocurriendo, no hay testigos. Si la víctima no lo denuncia, el acosador seguirá actuando de la misma manera o incluso agravará su conducta. El miedo de la víctima a denunciar, pasa por perder el puesto de trabajo, la estigmatización dentro de la empresa, las críticas,  que la señalen de  mentirosa o provocadora y que no la crean.

El desleal

La buena fe es el principio básico de las relaciones laborarles y el contrato de trabajo, y es reciproco. Se produce quebranto de la buena fe por parte del trabajador cuando se abandona el puesto de trabajo sin justificación, hay abuso de confianza, apropiaciones indebidas, coacciones al empresario, concurrencia desleal, extralimitación de funciones, falsedades, actividades incompatibles con la incapacidad temporal, negligencias en el desempeño de las funciones encomendadas y ocultación.

En concreto la concurrencia desleal se produce cuando el trabajador de una empresa trabaja por cuenta propia o ajena para otra empresa, desempeñando tareas de la misma o similar naturaleza, sin consentimiento del empresario, incluso desviando clientes en perjuicio de la empresa que remunera su trabajo y causando perjuicio real o potencial para esta.

Quizás es uno de los peores empleados que nos podemos encontrar en nuestra empresa, difícil de detectar y que puede causar pérdidas económicas muy importantes. Descubrir a estos individuos es fundamental y una vez conseguido el empresario podrá despedir procedentemente al trabajador, además podrá obtener un resarcimiento por los daños que su conducta haya podido causar en concepto de pérdida de clientes, de ingresos, de reputación e incluso costes o inversiones realizadas en el empleado desleal.

El enfermo

bajas laborales fraudulentasLas depresiones y los problemas de espalda son los más difíciles de cuestionar para los médicos. Saber si alguien miente es muy difícil en este tipo de dolencias, pues son muy subjetivas y difícilmente medibles.

Lo que sí es medible es el coste en productividad que las bajas laborales producen en una empresa. Esto lo sabe bien el empresario que ve con indignación y enojo como alguno de sus trabajadores se ríe de él cada vez que llega un puente o una festividad especial. Según el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, cuatro de cada diez bajas laborales son fraudulentas.

Una baja fraudulenta es aquella en la que no existe patología que impida trabajar, es decir o bien no existe enfermedad o lesión o de existir está se exagera para no trabajar.

El empleado bajo una incapacidad temporal no podrá trabajar por cuenta propia o ajena durante ese periodo y deberá someterse al tratamiento prescrito.

El ladrón

Dentro de este tipo de empleado podemos encajar a aquellos que no solo se quedan con dinero o material y herramientas de la empresa, sino que falsifican documentos e informes,  hacen descuentos irregulares a sus amigos, y todo tipo de fraudes que puedan reportarles un beneficio extra.

Hurtar material es una de las prácticas más habituales dentro de las organizaciones, desde unos simples bolígrafos a herramientas pesadas, todo es susceptible de “distracción”, pero las consecuencias económicas para la empresa no son lo mismo, y los costes en material perdido, deteriorado o evaporado son muy elevados al cabo del año.

Y cuando hablamos de dinero, la picaresca para agenciarse con parte de las ganancias de la empresa no conoce límites. Cada empresa es un mundo y cada “distractor” tiene su estilo de hacer magia.

Lo más importante para la empresa es ser consciente de que esto está ocurriendo, para ello deberá implementar un sistema que le alerte de la falta de materiales. Si no sabes lo que tienes difícilmente podrás echarlo en falta.

Detectar empleados conflictivos sigilosos

Sabe que algo está ocurriendo en su empresa, tienes todos los indicios pero o no está seguro de  quién es el culpable o no tiene pruebas para acusarle y tomar las medidas precisas. Una agencia de investigación puede ser la clave para resolver las dudas, obtener las pruebas necesarias y solventar definitivamente el problema que le trae de cabeza.

A través de la instalación de cámaras de vigilancia y cámaras ocultas podemos detectar trabajadores que roban material, que se escaquean de sus labores, que pasan horas en la sala del café, pillar infraganti a empleados que meten mano en la caja, que falsifican documentos y por supuesto obtener pruebas de mobbing.

Un servicios de infiltrado en la empresa podrá destapar malas praxis, a empleados conflictivos, recopilar pruebas sobre posibles abusos de confianza, negligencias en el desempeño de las funciones del trabajador y un sinfín de problemas que puede estar motivando una baja productividad.

A través del servicio de vigilancia y seguimiento a empleados, se pueden resolver casos de competencia desleal, bajas fraudulentas, abandonos del puesto de trabajo, abusos de confianza, malas praxis, etc.

Los servicios de un detective son muy valiosos para detectar los problemas y obtener las pruebas necesarias para dar resolución a las situaciones que están perjudicando a la organización.

Contratar un detective es una inversión, no un gasto, pues resolverá a través de las pruebas que éste le aporte, un problema que le ha causado y podría seguir causándole innumerables pérdidas económicas.

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