En estos momentos me viene a la mente la anécdota que cuenta muchas veces mi suegra de cómo durante unas fiestas en su pueblo, robaron en la mayoría de las casas de alrededor y la forma en que evitaron ser víctimas ellos también.  Lo usual en los pueblos pequeños, al menos antes, era no cerrar las puertas nunca. En casa de mi suegra y al juntarse tantos durante las fiestas, esto de no cerrar las puertas se llevaba al extremo. De tal manera que la noche de los robos la puerta no solo quedó sin cerrar con llave, sino que quedó abierta de par en par. Aunque no fue algo intencionado, esto les salvo de los robos que sufrieron el resto de los vecinos durante la verbena.

Dinero, joyas y objetos valiosos fueron robados de otras viviendas, a las que accedieron rompiendo las cerraduras de las puertas. Los ladrones debieron pensar que en casa de mi suegra habría alguien y no se arriesgaron a ser descubiertos. Por supuesto no pretendo que nadie se tome al pie de la letra esta manera tan especial de evitar robos.

 

En la mente del ladrón

Esta anécdota nos da una idea de cómo funciona la mente del ladrón y la forma más sencilla de evitarlo.  La persona que entra en nuestra casa para hacerse con nuestras pertenencias, por norma general intentará no correr riesgos innecesarios. Si piensa que hay alguien en la casa, buscará otra vivienda que asaltar.

Existen dos tipos básicos de ladrones:

  • Los oportunistas
  • Los merodeadores

Los primeros aprovecharán un descuido para conseguir su botín. No tienen nada preparado, sus robos serán rápidos, poco concienzudos y bastante destructivos. Una puerta abierta, una ventana mal cerrada, una cerradura fácil de quebrantar, es decir, cualquier situación que le facilite la entrada. A veces, la mera información previa de que en esa casa no habrá nadie durante un tiempo (horas, días o semanas) es suficiente para que nos llevemos un disgusto al regresar al hogar. Este tipo de ladrones suelen salir a la caza del descuido y asaltará la casa más desprotegida.

Por el contrario un merodeador prepara bien su golpe, vigilará durante días e incluso semanas su objetivo, recabando toda la información posible. Puede que haya entrado en nuestra casa previamente, simulando ser quien no es. O precisamente a raíz de una visita “legal” haya escogido nuestra casa como objetivo. O lo que es peor, a través de la información que llegamos a publicar en las redes, podemos estar señalándonos nosotros mismos como objetivos.

¿Cómo actúan?

Tanto oportunistas como merodeadores son ladrones profesionales preparados para quebrantar casi cualquier tipo de obstáculo. Las puertas principales blindadas no son un obstáculo para ellos, en menos de un minuto casi cualquier cerradura puede ser forzada. Las cerraduras de “seguridad” son fácilmente abiertas a través del método bumping, sin ser forzadas. Pero no elegirán la zona más reforzada para entrar, elegirán ventanas, puertas de garaje o puertas traseras, buscarán lo que sea más fácil quebrantar.

Saben que los dormitorios principales son el lugar escogido por la mayoría para guardar los objetos más valiosos, seguido de los despachos, cajas fuertes detrás de cuadros o en armarios empotrados. El cajón de la ropa interior será el primero en ser abierto.

La forma de actuar cambiará básicamente dependiendo del tiempo que el ladrón tenga para el saqueo. Los oportunistas que no saben del tiempo que disponen serán rápidos en la búsqueda de objetos, y posiblemente no se lleven un gran trofeo.

Los merodeadores no desperdiciarán la entrada en una casa sin llevarse un gran botín, por lo general pasarán tiempo en ella, buscando lo más valioso. Asegurándose antes de entrar de que dispondrán del tiempo requerido y en su caso de sabotear la alarma si existe.

 

¿Cómo protegernos?

Una alarma suele ser un buen disuasorio para casi todos los ladrones, como hemos dicho antes, no correrán riesgos innecesarios. Pero hoy en día el ladrón profesional también está preparado tecnológicamente para inhibir un sistema de alarma. Instalar una alarma no será un obstáculo para el ladrón que está decidido a robar en nuestra casa.

No hay que olvidar que una alarma es un mero dispositivo disuasorio. Avisará a la policía en caso de detectar claramente que alguien ha entrado en casa sin nuestro consentimiento. Una alarma no evita que el ladrón entre. Aunque con un poco de suerte la sirena y los flases de los detectores de movimiento pueden hacer que el ladrón desista rápidamente. Pero por lo general si ha entrado, querrá salir con algún premio. La gran ventaja de una alarma, si es que funciona correctamente, es que el ladrón tendrá mucho menos tiempo para deleitarse en nuestra casa.

Está demostrado que la sirena de una alarma no hará que el vecino llame inmediatamente a la policía o que se asome a ver qué pasa, el vecino en cuestión tardará la friolera de dos minutos de media en ponerse en movimiento. En dos minutos un ladrón profesional, ya nos habrá robado nuestros objetos más valiosos. Entra en nuestra casa sabiendo que va a saltar la sirena, está integrado en su esquema mental y no se dejará distraer por ello.

Mejor prevenir que lamentarse

Si vamos a instalar una alarma, debemos ponernos en manos de profesionales y estudiar muy bien con quien vamos a contratar nuestra seguridad. No todos los elementos de seguridad que se ofrecen son iguales ni funcionan con la misma técnica. Hoy en día existen empresas que ofrecen una tecnología muy avanzada a prueba de inhibidores de frecuencia. Merece la pena estudiar el mercado y contratar los servicios de una empresa que nos asegure que la alarma no pueda ser saboteada.

Protegerse de un oportunista es tan sencillo como evitar los descuidos y ponernos en la piel del ladrón, observar nuestra casa con ojo crítico buscando aquellos puntos débiles y reforzarlos. Librarse de las zonas oscuras en nuestro jardín, iluminar todas las zonas alrededor de la casa…

Una idea corriente pero errónea es creer que colocando un distintivo informando de la existencia de una alarma es suficiente disuasión, pero en ocasiones solo nos exponen más a los robos. Los disuasorios de empresas de seguridad son elementos que se actualizan y poseer un cartel de una empresa ficticia o un cartel obsoleto, lo único que hace es decir claramente al ladrón que en nuestra vivienda no existe alarma alguna.

Romper los esquemas del ladrón

Evitar a un merodeador es más complicado, pero básicamente la idea sigue siendo simular que la casa no está vacía. Hoy en día la tecnología también es nuestra aliada a la hora de simular nuestra presencia en la casa. Trucos sencillos que eviten el robo, como alguna luz  encendida. O dispositivos más elaborados que consigan que el ladrón que entre salga rápidamente de allí, como que salte la grabación de pasos en la casa o que se enciendan todas las luces cuando se detecte una presencia. Básicamente se trata de romper los esquemas del ladrón y asustarle. Como se suele decir “la mejor defensa es un buen ataque”.

En Vestigium somos expertos en seguridad, podemos hacer un plan de seguridad para tu casa, integrando las tecnologías más innovadoras para ahuyentar al ladrón o asesorarte sobre los mejores sistemas de alarma del mercado.

Quizás te pueda interesar
¡No te pierdas nada!

¡No te pierdas nada!

Te enviamos por correo electrónico todas nuestros artículos

¡Muchas gracias! te mantendremos informado