En estos días se habla mucho de todas ellas: las mujeres que tienen una carrera profesional, las que trabajan sin nómina, las que se pluriemplean para salir adelante, las que emprenden negocios, las que trabajan por cuenta ajena, las que realizan las tareas de casa y cuidan de los hijos… Todos tenemos una madre, hermana, amiga o sobrina que se encuentra en una de las situaciones anteriormente mencionadas, o en dos, o incluso en tres. Por eso el martes fue su día.

El día 8 de Marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Se marcó ese día para conmemorar la valentía y el coraje de aquellas que, a inicios de 1900 decidieron defender sus derechos: el derecho al voto, al trabajo, y a la igualdad equiparada con el hombre. Hoy en día siguen existiendo determinadas situaciones que demuestran que el derecho a la igualdad aún brilla por su ausencia, por mucho que no queramos admitirlo.

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En el ámbito laboral que es el que nos atañe aquí, hay estudios que constatan la realidad que vivimos en estos tiempos. Los analizamos:

  1. Sigue existiendo una brecha salarial del 20% aproximadamente en España, a lo que se suma la falta de promoción para que las mujeres ejerzan puestos con mayor autoridad, menospreciando sus capacidades y actitudes respecto a los hombres.
  2. En un estudio realizado por El Club de las Malasmadres bajo el lema #SomosEquipo los números hablan por sí solos: más de un 58% de las mujeres que son madres finalmente abandonan el mundo laboral, o se ven obligadas a ralentizar sus carreras profesionales con excedencias y reducciones de jornada. ¿Por qué no sucede lo mismo en los hombres? Es cierto que fisiológicamente cada sexo tiene sus propias características, pero una vez que se ha dado a luz, el hombre debe ser partícipe en la educación, crianza y cuidado de su hijo/a, a fin de cuentas se trata de un 50-50, ¿Qué falla: el sistema con sus pocas facilidades y medidas pobres, o la mentalidad de la población?
  3. Las tareas domésticas no son un trabajo remunerado, y hasta ahí estamos todos de acuerdo, pero son tareas que se deben realizar en cada hogar, y, según un estudio realizado por Fedea, casi el 70% de este trabajo lo realizan mujeres, y aunque a día de hoy cuentan con algo de ayuda de sus parejas para gestionarlas, según las malasmadres el 48% de las mujeres es la principal responsable directa de dichas tareas cuando hay niños en el hogar. Pero a todos nos gusta tener la cama hecha, la casa limpia, la ropa recogida y la comida en la mesa. ¿Por qué sucede esto? ¿Es que los hombres mantienen una actitud retrógrada en este tema y las mujeres siguen el ejemplo tradicional que han mamado en sus infancias?

Y la ley…

Es cierto que por notas teóricas, que podemos palpar como poco prácticas, no hay quejas: la constitución, el derecho de igualdad, el estatuto de los trabajadores son varios ejemplos claros donde queda plasmado el afán que tenemos algunos por encontrar la igualdad entre géneros.

  • La Constitución: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”.
  • Estatuto de los Trabajadores: “La definición de los grupos profesionales se ajustará a criterios y sistemas que tengan como objeto garantizar la ausencia de discriminación, tanto directa como indirecta, entre mujeres y hombres”.
  • LO 3/2007, de 22 de marzo, Igualdad Efectiva entre hombres y mujeres: lo que conocemos como el derecho de igualdad y del que destacamos su artículo 3 “el principio de igualdad de trato entre mujeres y hombres supone la ausencia de toda discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo, y, especialmente, las derivadas de la maternidad, la asunción de obligaciones familiares y el estado civil”.

¿Y ahora qué hacemos?

Al criminólogo le has dado todos los ingredientes necesarios para que haga su receta: tiene una situación psicosocial negativa, en un ambiente laboral, basada en unas leyes poco prácticas y con un carácter mental y sociológico que hay que desbancar y modernizar para que la igualdad realmente se pueda poner en práctica.

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Lo cierto es que simplemente con salir a la calle se da uno cuenta de la realidad: las mujeres trabajan, por cuenta propia y ajena, además se encargan de la casa, de los niños, de mantener la cordialidad en el hogar y de seguir adelante con todo. ¿No es demasiada actividad física y mental? No hay más que verlo: vas a trabajar con tu vestido y tus tacones tras haber hecho desayunos, almuerzos y dejar la comida hecha, haces la compra y recados, vas a por el niño, te vuelves al trabajo, en el descanso pasas por la farmacia a por medicinas, acabas tu jornada en la oficina y vas a tu casa donde tienes que ayudar con los deberes mientras tu marido hace la cena y ordena la compra que habías hecho, tú acuestas a los niños después de que cenen, revisas tu correo del trabajo y sigues con el informe, tiendes la ropa de la lavadora que habías puesto mientras los niños cenaban (y si ese día no había lavadora toca planchar o coser) y por fin te vas a dormir.

La concienciación de los hombres como parte responsable de la casa, de las tareas y de la crianza es una de las bazas de que debemos jugar los que abogamos por un derecho real de igualdad. Se debe desmitificar la figura del patriarca y macho alfa, y para ello, se debe cambiar la mentalidad.

Esto no es algo que se haga de un día para otro. Eso se hace con tiempo, con políticas de ayuda que empujen e incentiven a los hombres a tomar cartas en materia de paternidad, por ejemplo, o bien mayores ayudas y galardones a empresarios que dignifiquen el trabajo de la mujer con un sueldo equitativo y con el puesto de responsabilidad que le corresponda.

Los criminólogos de Vestigium pueden ofrecer soluciones de prevención en empresas privadas para cumplir con las normativas estipuladas que hemos indicado anteriormente, pero lo más importante es concienciar a toda la población sobre la igualdad, y es algo que nos corresponde a todas y a todos, porque tenemos una madre, hermana, amiga o sobrina que nos gustaría que fuese realmente valorada por sus capacidades laborales. Pon tu grano de arena y abre la mente al resto, cuentas con el apoyo del equipo de la Agencia de Investigación Vestigium para proteger y reclamar el DERECHO DE IGUALDAD.

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